El término es tan antiguo como el material mismo. Las primeras monturas de gafas —ya desde el siglo XIII— se fabricaban con lo que la naturaleza proporcionaba: madera, metal, cuero, hueso. Y cuerno.
El cuerno animal era ideal: disponible, moldeable, duradero.
El nombre perduró.
En el siglo XX, las gafas de pasta vivieron su gran apogeo cultural. En los años veinte, el comediante estadounidense Harold Lloyd hizo famosa la montura característica en todo el mundo —como seña de identidad de su personaje cinematográfico, el eterno hombre medio. Más tarde, las gafas de pasta se convirtieron en el rostro de políticos, juristas e intelectuales. Transmitían seriedad, competencia, solidez.
Luego llegó el plástico. Y con él, un cambio de significado silencioso: hoy en día, "gafas de pasta" en el lenguaje común suele referirse a monturas oscuras y macizas de acetato u otros plásticos —gafas que simplemente parecen cuerno, pero no lo son.
En Bachoff llevamos el término con convicción —y con pleno derecho. Nuestras gafas de pasta están hechas de cuerno de búfalo auténtico. Sin plástico con aspecto de cuerno, sin imitación. Sino el original —tal como el término lo ha significado desde el principio.